La enfermedad de Parkinson (EP) manifiesta los siguientes síntomas, los cuales aparecen según la persona, el paso de tiempo, y el nivel de afectación.
Síntomas motores principales:
Temblor: se presenta durante el reposo y disminuye durante la actividad, generalmente de comienzo distal. En fases iniciales el temblor suele aparecer en los dedos, la manos, el brazo, en un lado del cuerpo, puede comenzar como un pequeño tic, etc. Cuando la persona afectada realiza movimientos voluntarios o durante el sueño, el temblor mejora o desaparece, empeorando con las emociones.
Este es el síntoma más visible y conocido. Sin embargo, el 30% de los pacientes no tienen un temblor perceptible.
Rigidez: Se debe a la contracción simultánea de músculos agonistas y antagonistas de cada articulación durante los movimientos, provocando una resistencia a los mismos. En el movimiento pasivo de la articulación se produce el fenómeno de la “rueda dentada”, al vencerse bruscamente la resistencia del músculo agonista y encontrarse con la del antagonista. La contracción muscular puede causar dolor en la zona correspondiente. Suele disminuirse con la relajación.
Bradicinesia: lentitud en los movimientos. Significa que la persona afectada requiere más tiempo y esfuerzo para cumplir ciertas tareas de la vida cotidiana. Se manifiesta en fases iniciales con actividades que requieren mucha precisión, como por ejemplo: coser, afeitarse o abrocharse un botón.
Perdida de equilibrio (inestabilidad postural): la capacidad de mantener la postura y el equilibrio pueden verse afectadas en los inicios de la enfermedad pero lo habitual es que aparezcan en fases avanzadas. La postura normal de la persona afectada tiende a la flexión del tronco, de la cabeza y de las cuatro extremidades. Este síntoma comporta cierta inestabilidad en el momento de andar, girar o mantenerse de pie; asimismo en ciertos actos motores, como por ejemplo: levantarse de la silla o inclinarse.
En fases más avanzadas de la EP la persona puede presentar bloqueos de la marcha con pasos pequeños sin apenas desplazamiento, juntamente con la instabilidad en el momento de girar que fácilmente puede dar lugar a caídas.
Para manejar estos síntomas se recomienda un tratamiento integral, es decir tanto farmacológico (ver ‘Tratamiento farmacológico’) como no-farmacológico.
La fisioterapia es la terapia complementaria más adecuada para manejar los síntomas motores a través de ejercicios y pautas proporcionados por un fisioterapeuta especialista en la EP.
Síntomas relacionados con el sistema nervioso central:
El estreñimiento: es un síntoma común de la EP. Proviene de la lentitud de movimiento en los músculos del intestino, el efecto de menos ejercicio físico o/y una dieta empobrecida. Es fácil de tratar a través de una dieta equilibrada y el ejercicio físico o en algunas casos con medicamento suministrado por un médico. Es importante tratarlo porque puede causar otros problemas de salud y reducir los efectos de algunos medicamentos. Beber mucha agua es esencial para combatir el estreñimiento.
Sudor: es un mecanismo por la cual el cuerpo se regula la temperatura. Está controlado por el sistema nervioso central y la EP (o medicamentos suministrados para la EP) puede intervenir en este proceso, resultando en un exceso de sudor o lo contrario. Si aparecen cambios en el sudar de la persona afectada debe consultar un médico o un enfermero de la EP para recibir estrategias para manejarlo.
Dolor: De vez en cuando la persona afectada puede sufrir de calambres, dolores, parestesias, sensaciones de frío o calor en la piel. Estos síntomas ocurren frecuentemente en las piernas, aunque el dolor lumbar y los dolores de cabeza aparecen de forma también frecuente.
Se puede aliviar el dolor con medicamentos y el fisioterapeuta podrá dar recomendaciones según cada caso. Las estrategias más comunes son: el ejercicio suave, el masaje y las ayudas técnicas como por ejemplo cojines y colches adecuados.
La voz y la expresión facial: La comunicación es un elemento muy importante en la vida cotidiana, tanto con la propia familia como fuera de la casa. La comunicación involucra múltiples aspectos de los cuales se incluyen la palabra, la expresión corporal, y la manera de hablar. En personas afectadas por la EP, la lentitud o el movimiento reducido de los músculos puede resultar en menos expresividad facial que lo habitual. Estos síntomas pueden inhibir la comunicación y se podría interpretar como enfado, falta de interés o de entendimiento. Asimismo, se puede ver afectada la voz por los cambios en el funcionamiento de los músculos faciales y de la garganta. Trastornos de la voz podrían aparecer como una perdida en volumen, un incremento en la velocidad o una voz vacilante.
La logopedia es la terapia más adecuada para ayudar reducir los trastornos de la voz a través de ejercicios y pautas. Hacer conciencia sobre la postura, los ejercicios que fortalecen los músculos implicados y como comunicarse con claridad, ayudarán a la persona afectada a llevar mejor estos problemas.
Síntomas psicológicos y de conducta.
Trastornos de sueño: los síntomas motores pueden dificultar un estado de relajación a la hora de dormir o bien la misma medicación puede alterar el sueño. Es muy importante que la persona afectada duerma lo suficiente porque puede ayudar a disminuir ciertos síntomas y es esencial para la salud en general.
Fatiga: el agotamiento físico es muy común en la EP y proviene de diferentes factores, como pueden ser: la depresión, trastornos de sueño o la propia enfermedad. Cada uno de los factores se deben tratar con un profesional. Para auxiliar la fatiga sin métodos farmacológicos se recomienda:
Trastornos de humor y la depresión: El cambio de humor es una reacción natural al ser diagnosticado con la EP, o al irse desarrollando los síntomas. No obstante, la depresión en la EP puede resultar de la propia enfermedad debido a los niveles bajos de neuroquímicos en el cerebro que controlan el humor. Las señales de depresión incluyen: una visión negativa de uno mismo, el entorno y el futuro; una falta de motivación, energía e interés (social y sexual); empobrecimiento en el sueño y la memoria y falta de apetito.
La depresión: tiene un impacto importante en la vida diaria y por ende es importante que se explique al médico cualquier cambio de humor para procurar el tratamiento eficaz. Asimismo si se aborda la posible depresión en una persona afectada, permitirá una mejora en la respuesta al tratamiento de otros síntomas de la EP y una mejor calidad de vida en general.
La ansiedad: cualquier situación estresante puede provocar la ansiedad. La ansiedad estorba el sueño y puede empeorar los síntomas de la EP. La ansiedad aguda puede producir ataques de pánico que incluyen períodos de mareo, problemas con la respiración y sudor. Se puede experimentar la ansiedad en ocasiones puntuales o de manera más continuada.
El pensamiento y la memoria: debido a que la EP afecta a una gran parte del cerebro, algunas personas afectadas experimentan cambios a nivel de pensamiento y de memoria, además de los síntomas motores. En los inicios de la enfermedad pueden presentarse dificultad para concentrarse o otros cambios sutiles en la memoria. La capacidad de planear una tarea compleja o llevar a cabo múltiples tareas a la vez puede tener un grado de dificultad. Estos empobrecimientos evolucionarán de forma gradual como los otros síntomas, pero se debe tener en cuenta que la propia medicación puede tener efectos secundarios que influyen el pensamiento y la memoria como por ejemplo: alucinaciones y confusión. La persona afectada debe explicar estas alteraciones a su médico.
La naturaleza y severidad de los síntomas así como la forma de progresión de los mismos, con el transcurso del tiempo varía enormemente de una persona a otra. Es muy poco probable que un paciente con un diagnóstico reciente presente o desarrolle todos los síntomas identificados anteriormente.
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